Liga Marítima Uruguaya

Alocuciones 26 abril 2012

“Mi bautismo Antártico”

Señor Socio Contra Almirante (R) Oscar Otero Izzi

Gracias por estos minutos de atención que me van a dispensar, porque estoy seguro, que al igual que el Coronel Emilio Alvarez que nos acompaña en una de las mesas, uno de los forjadores de Uruguay en la Antártida y ni que hablar de la construcción de la Base Científica Antártica Artigas inaugurada el 22 de diciembre de 1984, al igual que él y que yo, vamos a finalizar esta charla con las ganas de escuchar de una manera mas formal, qué esfuerzo es necesario realizar para que la presencia de Uruguay en el Continente Blanco se transforme en una excelente inversión y le signifique un importante rédito futuro.

Todos sabemos donde está la Antártida, pero para tener una idea, nuestra Base Científica está aproximadamente en los 62º de latitud sur y 58º de longitud oeste; para nosotros es el fin del mundo y casi lo es, pero está mas cerca de Montevideo que del Polo, hay más o menos 100 kilómetros de distancia a favor de Montevideo. Son unos 3040 kilómetros desde Montevideo y 3104 al Polo Sur, es decir que apenas está a medio camino y nos queda un fuerte desafío para poder llegar más al sur aún.

Si lo comparamos con otros lugares, para que tengan una idea la Base está un poquito más separada del Ecuador de lo que lo está la ciudad de Bergen en Noruega, donde todos nosotros pensamos en los paradisíacos cruceros por los ríos noruegos. Como dijera una vez el Comandante de la Fragata Libertad en el año ’89 cuando estábamos en Hamburgo, que está más o menos en la latitud de Punta Arenas y : “ahora con mis Oficiales nos vamos a Bergen; si yo les digo de ir a Ushuaia me tiran al agua”, para que tengan una idea que como nosotros a veces estamos un poco desbalanceados mas allá de que conozcamos la geografía perfectamente bien. De hecho cuando hablamos de Washington pensamos que estamos llegando ya casi al Polo Norte pero Washington está en la misma latitud que la ciudad de Madrid que para nosotros casi es el paraíso tropical.

Volviendo a la Antártida, les contaré de mi primer viaje que fue en avión y por eso es que llamo a esta charla “Mi bautismo Antártico”. Fue el 16 de marzo de 1998; yo había asumido hacía un mes y medio como Presidente del Instituto Antártico Uruguayo y tenía la responsabilidad obviamente de ir cuanto antes. En el mes de febrero no pude ir por razones de servicio y aprovechando el viaje en que se iba a replegar el helicóptero, el bi-turbina que prestaba servicios durante el verano en la Base Artigas hice ese vuelo.

Salimos de la Brigada Aérea Nº1 ese lunes a las 7:30 de la mañana y luego de volar más o menos 2.400 kilómetros, unas 4 horas y media hasta Punta Arenas a una altura de unos 6.000 metros, sobrevolando Mar del Plata, Península Valdés, Comodoro Rivadavia y en Río Gallegos, ya cuando apuntábamos directamente a Punta Arenas nos avisaron lo chilenos que aterrizáramos y cruzáramos en ese momento, porque sino íbamos a tener  48 horas de mal tiempo donde no íbamos a poder cruzar. Aterrizamos en Punta Arenas, fue un hermoso día, yo iba uniformado con una bolsa negra en mis manos donde llevaba todo el equipo para cambiarme en el avión, para poder llegar a nuestro destino final abrigado.

Tuve la fortuna de encontrarme en el aeropuerto Ibañez del Campo de Punta Arenas, mientras caminábamos un poco, con el Comandante en Jefe de la Armada de Chile que estaba haciendo una visita inspectiva. Después de conversar y de desearme buen vuelo y habiendo reabastecido de combustible, sobrevolamos la Isla Navarino, el Cabo de Hornos y ya desde allí emprendimos el vuelo de dos horas y media para cubrir los 1.300 kilómetros que separan Punta Arenas de la Isla Rey Jorge o 25 de Mayo; los dos nombres se deben a que acepta las dos nomenclaturas, para Chile y otros países es Rey Jorge, para Argentina es 25 de Mayo.

La Isla Rey Jorge es la más grande - tiene unos 80 kilómetros de largo por unos 30 kilómetros de ancho - del Archipiélago de las Shetland del Sur; está a 50 minutos de vuelo en helicóptero, 10 horas de navegación,  de la Península Antártica, donde Uruguay en 1997 estableció lo que se conoce como  Rupert  en los foros antárticos, porque el nombre es muy largo “Estación Científica Antártica Teniente de Navío  Ruperto Elichiribehety”, en recuerdo a quien fuese Comandante del “Instituto de Pesca Nº 1, nuestra nave que en 1916 asistiera a Ernest Shackleton  en el rescate de su dotación en Isla Elefante.

Cuando comencé a sentir el frío en los pies a través del calzado, me di cuenta de que tenían razón; se notaba el frío en los pies cuando el avión estaba  sobrevolando el Drake, todavía a una hora larga de llegar a Rey Jorge. Entonces ahí fue donde comenzamos a vestirnos con el equipo adecuado y yo lo que hice fue agregarme el abrigo especifico que nos abastecía en aquel momento el Instituto Antártico y cambiarme mis zapatos por unas botas  que todavía me acompañan.

Me invitaron a pasar a la cabina cuando estábamos a media hora de llegar; el Comandante era en el entonces Teniente Coronel Daniel Olmedo y el Piloto era el entonces Teniente Coronel Álvaro Gestido, el Mayor Franco era el navegante y la tripulación que llevaban en total eran 10 tripulantes.

El Hércules es una aeronave impresionante; ustedes lo ven de afuera y lo comparan con otros aviones y es enorme, es fantástico, es magnifico.

La pista de Teniente Marsh en la Base de Chile tiene más o menos 1.600 metros de largo y es de piedra compactada; el Hércules además de su propio peso puede operar con una carga máxima de 6 toneladas. Llevamos la carga máxima que se podía llevar, luego en el vuelo que nos fueon a buscar ya para traer el helicóptero, llevaron el resto de la carga. De regreso embarcamos los que volvíamos a Montevideo y el helicóptero; por lo tanto no se podía llevar mucha carga más.

Como decía, me invitaron a pasar a la cabina y empezamos a ver los primeros témpanos, los primeros icebergs, que me llamaron la atención pues la incidencia de los rayos del sol a las cuatro de la tarde los iban cambiando de color entre el verde, el rosado, celeste, azul, era algo que realmente  a un artista plástico iba realmente a regocijar. Como un pintor compatriota, Raúl Abelenda, que estaba en la Base, había hecho varias obras allí y  regresaba cuando nosotros llegásemos.

Una de las cosas interesantes y que yo nunca había presenciado, un aterrizaje desde la cabina de un avión, y creo que debe ser doctrina en la Fuerza Aérea y en estos casos, cuando yo estaba conversando con el Coronel Renaud, Directivo del Instituto Antártico que hacía también su primer viaje, el Comandante del avión Teniente Coronel Olmedo vio la pista, señaló la pista y el piloto de inmediato hizo lo mismo, señaló la pista como indicando que habían visto lo que para mi era un portaaviones porque yendo del norte hacia el sur hay un muro, un acantilado como de 50 metros; sobrevolaron algo para calibrar instrumentos, no se el nombre técnico, el Teniente General (Av.) San Pedro, aquí presente, podrá saberlo pero yo no recuerdo lo que era. Hicieron un giro de 360º, volvieron otra vez hacia el norte y aterrizamos de noroeste hacia sureste que es más o menos la dirección de la pista.

Si a mí me preguntan cuál fue mi primera impresión al pisar el suelo Antártico es difícil poder decirlo.  Viajaba como autoridad, como presidente del Instituto y en ese momento estaba en la Base de Chile el Presidente de su Instituto Antártico  el Embajador Oscar Pinochet de la Barra y esperaba al pie de la escalerilla; mas allá del frío, les decía,  cuando el avión apagó los motores me invadió una sensación de silencio absoluto. No había una brisa de viento, se sentía el frío y hay que vivirlo para poder darse cuenta.

Estaba nuestro helicóptero esperándonos y luego de los saludos protocolares nos trasladamos a la B.C.A.A.  Con suerte de principiante salí de Montevideo a las 7:30 de la mañana y a las 4:30 de la tarde estaba sentado en la oficina del Jefe de Base el entonces Mayor Enrique Mangini

Hicimos luego las visitas protocolares, en helicóptero, a las bases que están en la isla: Gran Muralla , de China, que está desde la chilena cuatro kilómetros al oeste; a la Rusa que está junto a la Base chilena, de camino para la Base Uruguaya pegada a la Base chilena. Luego visitamos la Base de Corea, King Sejong, que está bahía de por medio con la Base Uruguaya; luego Jubany la Base de Argentina y después de bordear una pingüinera que no se podía sobrevolar, los pilotos del helicóptero bajaron,  casi al ras del agua, para ingresar a la bahía Almirantazgo. Fue un espectáculo maravilloso; el Glaciar Collins rodeándola totalmente. El Collins ocupa el 75% de la isla con una altura de 600metros. Ingresando a la bahía teníamos sobre babor la Base de Polonia "Artowski", sobre estribor la Estación Ecuatoriana y al fondo la Base Ferraz de Brasil, que lamentablemente se perdió hace un par de meses por la acción del fuego  y la Estación Científica Machu Pichu de Perú que al igual que la ecuatoriana se ocupan solamente en verano.  

Hicimos los saludos de rigor y volvimos a nuestra base, previo paso sobre el glaciar Collins. Cuando nos disponíamos a aterrizar, el piloto nos dijo que no lo iba a hacer, se iba a mantener en vuelo y cuando nos asomamos vimos  el glaciar muy “esponjoso”,  escurriendo agua. De hecho, al día siguiente, cuando visitamos la Base chilena el Embajador Pinochet me decía que la primera vez que él viajó a la Antártida en 1936, el Glaciar llegaba donde Uruguay ahora tiene la instalación de servicios donde están los generadores, los incineradores, o sea que el Glaciar había retrocedido unos casi 200 metros ya de forma permanente.

El helicóptero se mantuvo allí y yo lo que hice simplemente fue sacar el pie y pisar un poco el glaciar y volver a subirme, por el respeto que me provocaba y porque ya estábamos cortos de tiempo.

Una vez que volvimos a la base uruguaya comenzaron el desarme del helicóptero que tenía que estar totalmente desarmado para poder meterlo en el Hércules cuando 4 días después nos fuera a buscar.

Coincidió que esa noche llegó el rompehielos ARA Almirante Irízar y a bordo estaba el Presidente del Antártico Argentino que era el General Jorge Edgar Leal, en aquel momento 77 años y aún vive. Nos visitó en la Base a bordo de un helicóptero de los dos que lleva el Irízar y como anécdota cuando estábamos dentro del comedor de la Base se paró frente a una enorme foto mural  aérea de la Base; él estaba en el medio, yo a su izquierda, a la derecha estaba el Jefe de Base y mirando para arriba decía: “yo no sabía que Uruguay era reclamante”; fue algo que para mí no tenía sentido. Después que lo fuimos a despedir el Jefe de Base me dice: “Almirante, usted no se dio cuenta de lo que quiso decir él”, entramos otra vez al comedor y vimos con la firma del Presidente Sanguinetti en aquel momento, decía: “a la Base de la Antártida Uruguaya”; es una cosa interesante que nosotros no nos dimos cuenta, creo que todavía esta ese mural allí pero Uruguay no es uno de los siete países reclamantes, firmantes en 1959 en el Tratado Antártico, pero ese mural firmado por un Presidente uruguayo decía: “de la Antártida Uruguaya”. Una cosa interesante a tener en cuenta y que es importante cuando se hablan de temas políticos.

Vuelvo a decir que mas allá de haber tenido sol radiante, de que la nieve acumulada se fue en pocas horas, pudimos caminar, se negaron a hacer un asado con unas maderas de unos restos arqueológicos que yo siempre les decía: “si no tenemos madera vamos a usar esta porquería que está acá” y me querían matar pero claro está que se lo decía en broma.

Es interesante que ustedes puedan escuchar o ver cómo es una maniobra de agua para poder rellenar los tanques de la Base; también conocí a la “Pancha” que es una skúa (ave)  que no debe ser la misma del año ’84 pero se sigue llamando la Pancha, que vive ahí porque come de las sobras que le damos nosotros; pero es interesantísimo tener en cuenta también de que las aves migratorias vuelven a los mismos lugares a anidar y eso según los entendidos, los ornitólogos,  es una muestra de que Uruguay es muy cuidadoso con el medio ambiente porque no en toda la Isla sucede lo mismo.

Otra de las anécdotas es que cuando llegué quería ver lo que eran los famosos “wanningans”  que así se llaman las edificaciones en la Base en honor al neocelandés al que se le ocurrió emplear este sistema; son ni más ni menos que una frigorífica al revés, el frío afuera y el calor adentro, porque es exactamente la misma concepción y construcción.

Cuando ya estábamos de regreso, los chilenos enviaron su helicóptero para llevarnos hasta la Base Teniente Marsh . Despedida protocolar y embarque; cuando yo subí al avión vi todo helicóptero; la trompa del helicóptero en el mamparo de popa de la cabina y la cola del helicóptero en la cola del avión, era algo impresionante, inconcientemente pensé si podríamos llegar a despegar con esto adentro, además con cada uno de nosotros.

Lo que sí me dijeron fue: “Almirante cuando tenga ganas  de ir al baño no piense dos veces, porque tiene que subir por acá, pasar por acá arriba, treparse por arriba del helicóptero, e ir hasta la popa del avión”

Para el decolaje nos invitaron a la cabina al Coronel Renaud, que se paró detrás de la butaca del Comandante Olmedo y a mí, que me senté en una butaca que había allí en la popa de la cabina; el avión se puso mirando hacia el norte y empezó a acelerar; se imaginarán lo que son los cuatros motores de un Hércules con toda su potencia, temblaba totalmente el avión y esas cosas que siempre nos quedan grabadas a veces, sentí que Olmedo le dice a Franco: “Navegante, ¿aceleración?”, “ 85 nudos  en 17 segundos” contestó. Yo no tenía ni idea de lo que estaba diciendo pero mi sentido común me indicó que era necesario alcanzar 85 nudos en 17 segundos para poder despegar. La pista tiene 1.600 metros de largo y estábamos despegando hacía donde estaba el acantilado. Cuando el avión soltó los frenos y arrancó yo me hundí en el asiento y  miraba viendo la punta de la pista y me imaginaba el precipicio y se venía y se venía y Renaud me comentaba que miraba la aguja y la veía clavada en 83 y no en 85; de hecho sobraron como 500 metros de pista o más y esa marca de 85 nudos ni hablar que la sobrepasó ampliamente.

Dimos la vuelta de despedida por sobre la base con el famoso movimiento de las alas y sentí a la doctora Noemí Tahmazián que  para filmar la salida del avión, había puesto el trípode, la cámara diciéndole por radio al piloto: “Daniel, pasaste tan bajo que me tiraste la cámara” un poco de exageración pero gracioso al fin.

La ultima anécdota es que cuando estábamos llegamos a Punta Arenas ya estaba el aeropuerto a la vista y yo veía unas luces que se desplazaban a una enorme velocidad; pensé “¡que exagerados estos chilenos, a qué velocidad circulan por la costanera!” ; no tenía idea  que eran las luces que marcaban la mitad de la pista en la aproximación. Cuando se alineó y aterrizamos, me di cuenta lo que era.

www.antarkos.org.uy es la página Web de la Asociación que por unos días mas yo estoy presidiendo, se llama “ANTARKOS - Apoyamos a Uruguay en la Antártida” y también está la “Asociación Antártida Uruguaya” presidida por Emilio Álvarez y como les decía que ojalá podamos armar alguna actividad acá como para hablar un poco del aspecto jurídico y otros  más de lo que es la presencia de Uruguay en la Antártida.

Realmente ese primer vuelo para mí, uno de los tres que pude hacer, fue inolvidable y estoy seguro que para cada uno de ustedes el poder conocer un poco mas a través de imágenes no tan cinematográficas, un poco mas realistas de lo que es la vida de Uruguay en la Antártida será apasionante.

Les agradezco mucho este tiempo y muchas gracias