Liga Marítima Uruguaya

Alocuciones 26 julio 2012

“Cambios en cuatro generaciones contemporáneas de la actividad marítima”

Señor Directivo don Alfredo Ferriolo

¿Qué historia o anécdota podía contar cuando me lo propusieron?

El tema elegido, es algo en el que muchas veces pienso.

Me inicie en épocas de mi abuelo y hoy –con mis hijos en otras tareas-, me divierte notar la evolución que sufrió mi actividad, llevándola a 4 generaciones laborales.

Esto sin lugar a dudas lo podrán comprender cada uno de ustedes.

Comencé a trabajar en asuntos marítimos, hace 34 años.

En una época en la que no existían cursos, clases, materias, licenciaturas o postgrados, ni nada para aprender sobre el tema.

Hoy existen todas esas cosas.

Mis inicios fueron en una Agencia Marítima de origen inglés, pero recién adquirida por socios uruguayos, donde la mejor escuela era realizar de todo.

Mis jefes, -de gran capacidad-, difícilmente aprendieron mas que inglés, contabilidad y mecanografía de la época.

Y así nos enseñaban.

Un tiempo en la administración o contaduría, bajo la supervisión de los mayores en tareas de facturación y todo tipiando con carbónicos, aprendiendo a borrar con goma de tinta y después la de lápiz, con un cartón entre copia y copia.

En operaciones, llevando las actividades diarias del puerto en un Log o libro. Muchas idas y venidas al Puerto, a la Aduana, a la A.N.P., al edificio principal y al de Terrestres. A los depósitos. Horas en el muelle o sobre la cubierta de los buques.

También la parte de la atención del buque. Visitando el buque en la mañana y en la tarde para saber que se necesitaba abordo.

Ir al viejo muelle de escala a ver la salida por la escollera del buque, era la tarea de todo waterclerk y la operación terminaba en la oficina, dejando los datos a las secretarias para enviarlos por telex, según los formatos de cada Armador.

Las secretarias, que tarea importante desempeñaban. Mantener los archivos y archivar, no era una tarea fácil.

Algo que ya es parte del título de esta charla: Práctica, práctica y práctica, eran los deberes.

Intentaré compartir lo que para mi es lo ameno, para esa tarea que comenzaba siendo un cadete hace tantos años……….

La comunicación es de los ítems más importantes en toda empresa.

¿Cómo nos comunicábamos?      

Correo Postal (no el e-mail o correo electrónico). El correo que se tipiaba en máquina de escribir, con original, primera copia y segunda. A un sobre, al archivo general y al archivo del buque. Al final del día, franquearla en la máquina propiedad de la empresa, que se recargaba en la misma Oficina de Correo, que en ese tiempo, me parece que pesaría 10 kilos. No era china y ningún transistor la hacía liviana.

Por supuesto que todo se anotaba a papel y lápiz. Y a dejar todo en el buzón de la oficina Central del Correo a la tarde.

Por la mañana temprano, se pasaba por el Correo Central a buscar la correspondencia de la casilla de correo y llegar a distribuirla a la oficina.

Jajaja la correspondencia “circulaba” dentro de una carpeta donde cada uno debía firmarla como leída, pedir copia o indicar el destino de archivo.
En un orden descendente jerárquico.

Hoy es inimaginable lo que se puede hacer, en lo que a circulación de información, coordinación de actividades, etc. se realiza con el buen uso del computador y algunos de sus programas.

Hoy el correo es electrónico. En el escritorio o en el bolsillo se recibe en segundos, lo que antes demoraba 7 días si venía de Argentina, o 40 si era de Europa.

A los sobres le estampábamos VIA- AEREA, según la urgencia. Buenos rezongos nos llevábamos si nos equivocábamos.

Esto me recuerda, el PRIVILEGIO DE PAQUETE, ventaja en los buques de escala regular y que transportaban correo, sobres consulares y mudanzas diplomáticas, para atracar antes que otros buques y así recibir o sacar la correspondencia, que los mismos funcionarios del correo llevaban en sacas que retiraban en sus propios camiones. Allí llegaban o salían los sobres no estampados by Air Mail o los paquetes grandes y más pesados.

¿Cuándo llegaba el buque? El cable de zarpe, radio costera o el contacto visual eran los métodos en mis inicios. Ahora el correo electrónico por conexión satelital es lo que se usa. El AIS da la posición al momento de los buques. El teléfono ahora es también muy usado.

Vi operar al semáforo de banderas en la cabecera del muelle “A” que autorizaban las entradas y salidas a las dársenas.

Hoy los buques sólo usan banderas de Libre Plática y de Práctico abordo.

El pedido de conectar un teléfono, cuyo borne llegaba a una caja en el muro y por cable se instalaba en la banda del buque al ingreso por la escala, donde el watchman de la agencia, -un legado de la época de la guerra- era quién debía cuidar su buen uso.

Hoy todo se puede hacer desde un escritorio.

Hasta hace unos años la A.N.P. disponía de una Web cam en lo alto del tanque de agua, donde podíamos ver en nuestra pantalla en tiempo real lo que pasaba en el muelle.

Todavía los de mi generación, a veces, no siempre, preferimos caminar o movilizarnos para estar en la operación.

Es otro gusto, otro placer y forma de control.

La documentación     

Conocimientos y manifiestos se hacían a máquina de escribir uno por uno. Algo con el mimeógrafo y algo con la gelatina de pescado en la bandeja esmaltada para las copias de mayor tamaño.

Trabajo muy lento y muy artesanal.

El ingreso de las mercaderías a los depósitos portuarios. El trabajo administrativo que eso llevaba, en el papel, libros. La posterior documentación que servía para la Aduana.

Abrir un registro de descarga en Aduana, correr para cerrarlo según la documentación y marcas sacadas de los depósitos por las correcciones.

Hoy esto se hace cruzando información por Internet, en un sistema informático llamado Lucia, operado por gente que poco han visto lo que es una operación.

Cuando faltaba o sobraba un bulto, había que emitir el over o el short load con los datos de la mercadería faltante o excedente y enviarla a cada puerto de escala del buque. Esperar 2 o 3 meses para recibir las respuestas de cada puerto avisando que la carga no había quedado por error y así definir el pago por faltante o no al seguro.

Los libros contables o los de registro:

No voy a decir que todavía se escribían a pluma, pero como cadete alguna lapicera fuente de algún superior, llegué a rellenar.

Los altos pupitres con sus bancos, los escribientes con sus cubre mangas.

Sacapuntas de mesa, papel secante, que también recuerdo cambiarlo en aquellos aparaos que se mecían sobre las hojas escritas.

Cambiar cintas de máquinas de escribir, telex, máquinas de sumar u operar mecánicas y a palanca y muy pocas eléctricas.

Las consultas al diccionario Español – Inglés o alguna edición de la Real Academia, eran infaltables.

Goma de borrar para lápiz y tinta. Algún truco para corregir con hipoclorito.

Nos dejaban anotadas del día anterior las llamadas de larga distancia, para pedirlas temprano en la mañana para que con suerte la operadora nos pudiera comunicar con Buenos Aires después del mediodía.

¿Cómo pasábamos el frío y el calor?   

En el verano los ventiladores, en el invierno las estufas de rulos incandescentes o alguna estufa a kerosene.

Los primeros aires acondicionados eran armatostes que si mal no recuerdo, su comercialización se basaba en ser “los más silenciosos”

Las marcas y números de las mercaderías descargadas, se anotaban en un cuaderno índice y de allí se deducía las mercaderías entregadas por cada despacho o entrega salida del depósito de la A.N.P.

Hoy vemos pasar sólo las cajas de metal llenas de esas cajas, cajones o bolsas que salen a un depósito o al destino final del consignatario o viceversa si son de exportación.

No me inicié en la época del remise o del rent a car. Caminar en los adoquines era mucho más duro que en las superficies actuales.

Organizar una salida a realizar trámites era una aventura. Uno sabía cuando salía, pero el regreso era incierto. Por supuesto que cero comunicación con la oficina. No teníamos aún radio UHF y no soñábamos con los celulares.  

El encargado de sellar o recibir la documentación, estaría o no estaría, era difícil de saberlo.

Sellos, que épocas!!!!!!

Que distintas son las visitas de libre plática actuales, a las de hace 30 años.

Los capitanes y las tripulaciones tenían otros tratos con la Agencia y con las autoridades.

Los buques que hacían una ruta regular, cada 40 o 60 días estaban en Montevideo. Abordo la atención era de primera. Hay que recordar que la escala de un buque podía ser de 10 días en 1978 y hoy de 10 horas.

Eso hacía que un Agente conociera a la oficialidad y tripulación de otra manera.  

Algunas líneas tenían una gambuza que a los free shops de hoy los dejarían chiquitos en lo que a beberaje y tabaco se refiere.    

Acá no voy a contar ni el pecado ni el pecador. Por supuesto que todo se podía comprar con el inicio del tax free (por decirlo de alguna manera) o incluso encargar para la próxima escala.

Un cambio se comenzó a notar cuando en una línea regular que llegaba a Montevideo un día se les dio como atención a las autoridades, allá por 1986, un kilo de café y un paquete (no era ni lata) de guayabada. Que malos estaban algunas autoridades. Después comenzaron a llegar los griegos con cigarrillos ASSOS.

Uniformes, ropa blanca, lavandería en tierra eran cosas comunes en aquellas épocas. Hoy todo olvidado.

Con la disminución de los tiempos de escala de las líneas regulares, imaginarán que aquello de que el marino tiene un amor en cada puerto, se esfumó.

Los tiempos de que abordo había un mayordomo, un radio operador, un médico etc. lo supe vivir y Uds. conocen de esa disminución mucho mejor que yo.

La visión que quería compartir era la de un Agente Marítimo.

Hoy yo, ya convivo con una quinta generación, los tataranietos de mi abuelo, mis sobrinos. Muy informáticos ellos,  hasta el que tiene 3 años.

Pobrecitos, no los voy a aburrir con estas historias, pero cuando viajo les mando una postal de donde esté y yo mismo le pego las estampillas para no olvidarme de ellos.